COMEDOR CON FLORES, VIVIR EL JARDÍN EN LA VIDA COTIDIANA

 La flor por su naturaleza, es símbolo de la fugacidad 
de las cosas, de la primavera y de la belleza.
 La flor por su forma, es una imagen del “centro” 
y, por consiguiente, una imagen arquetípica del alma. 
Juan-Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, 1994.

El tema del comedor lo he tratado ampliamente en mi libro Casa Poblana. El escenario de la memoria personal, publicado en 2011, aquí un breve texto: El comedor con todo el esplendor como lo conocemos hoy, vajillas, cubertería y cristalería, aparece hasta mediados del siglo XVIII. Históricamente, la tercera estructura mobiliaria ideada por el hombre es la mesa y nace de la necesidad de realizar actividades de precisión. Anteriormente, las mesas para comer eran portátiles y se montaban en la antecámara o en la cocina. Después aparece la mesa fija con base firme y rodeada de sillas. Tampoco existían las vajillas, o los juegos de cubiertos. Es hasta inicios del siglo XIX cuando se extiende el uso de un espacio destinado a comedor, este era una habitación grande generalmente ubicada al lado opuesto de la sala. Las paredes, algunas tapizadas, se decoraban con pinturas o cromos con bodegones o escenas de caza. El alumbrado provenía de lámparas o candiles, piezas que al igual que los relojes de pie o pared, eran imprescindibles. En el mobiliario del comedor destacaban sus componentes: la mesa generalmente con extensiones, sillas, aparador y el bufet, preferentemente de estilos europeos.

En casa solo hemos tenido dos juegos de comedor, el primero comprado cuando nos casamos y que constaba de mesa, seis sillas y un trinchador, de marca Dixie. Después, cuando nuestra familia creció, hicimos un juego con piezas sueltas: una mesa de siglo XlX que compramos con Ricardo Tejeda en el Bazar del Rosario de la Plazuela de los Sapos, -con las cuatro extensiones da una medida de 2.44 x 1.18- y tiene carretillas en las patas por lo que es muy fácil moverla, diez sillas marca Calligaris y un trinchador de 2.00 x .42 comprados en una tienda departamental de Angelopolis. También conservamos la mesa de cocina que fue de mis suegros, ellos la mandaron a hacer en 1928 cuando se casaron, la usamos para desayunar.

El disfrute de las flores está ligado a un particular estilo de vida, en mi casa paterna siempre las había, por consiguiente, en mis recuerdos las flores son imágenes estrechamente ligadas a la intimidad de nuestra vida cotidiana. Mi mama y mi abuela Aurora llevaban a cabo diferentes acciones para que las flores no faltaran en casa: mi abuela las sembraba en su jardín; mi mama las compraba en el mercado.  Ya casada por consiguiente, las flores ha sido una constante en nuestra casa, me gusta mucho colocarlas en las mesas. Antes, ciertas flores eran solo de temporada, ahora, gracias a los invernaderos, es posible tener flores todo el año: alhelís, alcatraces, azucenas, girasoles, rosas, bromelias, claveles.

Alhelís, -las flores favoritas de mi suegra-, en florero de cristal y mantel tejido a gancho por mi suegra, me lo regalo un día de mi cumpleaños. Fotógrafa Lilia Martínez.

Alhelís, -las flores favoritas de mi suegra-, en florero de cristal y mantel tejido a gancho por mi suegra, me lo regalo un día de mi cumpleaños. Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Rosas anaranjadas, en jarrita de vidrio soplado, en color azul tornasolado, adquirida en un bazar y mantel de damasco comprado en Zara Home. Fotógrafa Lilia Martínez.

Rosas anaranjadas, en jarrita de vidrio soplado, en color azul tornasolado, adquirida en un bazar y mantel de damasco comprado en Zara Home. Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Girasoles de Cholula, -obsequio de nuestra hija Vero- en florero de vidrio soplado; mantel en algodón poliéster hecho con una tela comprada en la tienda la “Parisina” y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX- comprados la Plazuela de los Sapos. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez.

Girasoles de Cholula, -obsequio de nuestra hija Vero- en florero de vidrio soplado; mantel en algodón poliéster hecho con una tela comprada en la tienda la “Parisina” y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX- comprados la Plazuela de los Sapos. 2015, Fotógrafa Veronica Rojano.

 

Azucenas, -otras de las flores favoritas de mi mamá-, en florero de cristal de Checoeslovaquia; mantel en raso de algodón hecho de una tela comprada en la tienda “El Puentecito”; loza antigua de la marca “Ánfora”; cristalería también antigua; platitos para el pan en forma de mariposa en vidrio prensado; salero y pimentero de cerámica holandesa: cubertería italiana y paisaje en acuarela de Rolf Seul. Fotógrafa Lilia Martínez.

Azucenas, -otras de las flores favoritas de mi mamá-, en florero de cristal de Checoeslovaquia; mantel en raso de algodón hecho de una tela comprada en la tienda “El Puentecito”; loza antigua de la marca “Ánfora”; cristalería también antigua; platitos para el pan en forma de mariposa en vidrio prensado; salero y pimentero de cerámica holandesa: cubertería italiana y paisaje en acuarela de Rolf Seul. Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Bromelias, –regalo de nuestra amiga Manli-, mantel en algodón poliéster hecho con una tela comprada en la tienda la “Parisina” y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX- comprados la Plazuela de los Sapos. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez.

Bromelias, –regalo de nuestra amiga Manli-, mantel en algodón poliéster hecho con una tela comprada en la tienda la “Parisina” y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX- comprados la Plazuela de los Sapos. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Margaritas y nubes en florero de cristal color negro; mantel de seda; cesta ovalada de alambre; copas y candeleros de cristal modernos y paisaje en acuarela de Rolf Seul. Mesa puesta especialmente para mi querida amiga Quetza Sánchez. Fotógrafa Lilia Martínez.

Margaritas y nubes en florero de cristal color negro; mantel de seda; cesta ovalada de alambre; copas y candeleros de cristal modernos y paisaje en acuarela de Rolf Seul. Mesa puesta especialmente para mi querida amiga Quetza Sánchez. Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Gladiolas –estas eran las flores favoritas de mi papá- en bote nevero de lamina; mantel de damasco comprado en Zara Home; pasteleros antiguos diversos tamaños comprados la Plazuela de los Sapos y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX-. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez.

Gladiolas –estas eran las flores favoritas de mi papá- en bote nevero de lamina; mantel de damasco comprado en Zara Home; pasteleros antiguos diversos tamaños comprados la Plazuela de los Sapos y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX-. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Portada del Libro Casa Poblana. El escenario de la memoria personal, Lilia Martínez y Torres, 2011

Portada del Libro “Casa Poblana. El escenario de la memoria personal”, jarrón de Talavera poblana con mirasoles, imágen de Juan Crisóstomo Méndez Ávalos. Autora Lilia Martínez y Torres, Fototeca Lorenzo Becerril A.C., 2011.

tenedor

  • Mont Baez

    Muy lindas, me encanta que la costumbre de tener flores viene de familia. 🙂

    • Lilia Martínez y Torres

      Hola Montse, gracias por escribir. En México tenemos flores en todas las temporadas, y aunque el gusto de tenerlas viene de familia, también se puede adquirir. Saludos Lilia M!