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UNA BUENA COCINERA EN UNA COCINA ANIMADA


Con excitación pensaba en los encuentros
y en las dulces alegrías domésticas que me esperaban.
Este viaje es y será el más bello recuerdo de mi vida.
  Paula Kolonitz, Un viaje a México en 1864, 1872.

El lugar donde me sentí ya, una buena cocinera, fue en Izcalli Cuautitlán, donde llegamos a vivir en 1975. Tenía entonces 7 años de casada durante los cuales, al aprender cocinar, había pasado todo tipo de vicisitudes, como cuando hice un caldo de pollo con patas, -que eché a la olla con piel y uñas-, o cuando hice una crema de espinacas y me pase de leche -imaginense, me quedo un caldo de espinacas con leche-, o cuando salé unas chuletas ahumadas, -mismas que mi señor marido comió despacito, despacito sin decirme nada.

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En Izcalli aproveché al máximo todos los recursos disponibles a mi alcance, de los recetarios impresos y manuscritos, tomé las recetas y los consejos necesarios para cocinar más variado y mejor.

 

Ahí se instalaba un enorme “mercado sobre ruedas” dos veces a la semana, con todo tipo de insumos, sobretodo verduras que eran novedosas para mí en ese momento -colecitas de Bruselas, los germinados de soya y alfalfa y el chile habanero. Además, las tiendas de autoservicio eran cercanas y muy surtidas. Así, en los mercados y tiendas me proveía de todos los ingredientes necesarios para cocinar, por lo que organizar un menú nutritivo y variado no era problema.

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También, ahí aproveché de la estufa, todos sus recursos: parrillas, horno y asador, por lo que cualquier cocción era posible, al vapor / hervir / freír / dorar / asar / sancochar / baño María.

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Esta cocina era muy calurosa y sin ninguna vista agradable, así que la arregle muy bonita y todo lo que horneaba, lo hacía en la mañana o en la tarde.  Además, ahí, tuve la fortuna de contar con una extraordinaria ayudante de tiempo completo llamada Brígida, -bueno, ese nombre se lo puso ella porque le parecía bonito, ya que su nombre de pila, María Luisa, no le gustaba.  Ella era originaria de Huautla de Jiménez, Oaxaca, trabajo con nosotros desde que vivimos en Tehuacán y se quiso ir a Izcalli, -decía que para conocer otras gentes y lugares antes de casarse.  Brígida, diligentemente y de muy buen humor, “levantaba la cocina”, después que yo terminaba de cocinar.

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En La invención de lo cotidiano 2. Habitar cocinar, de Certeu, Giard y Mayol (Universidad Iberoamericana, México, 1999), en las “Artes de alimentarse”, Luce Giard elabora una serie de dilucidaciones sobre lo que significa “levantar la cocina”: lavar, secar y guardar los utensilios de cocina; recoger verduras e ingredientes no usados en la preparación de los alimentos; lavar estufa parrillas y horno, limpiar los muebles y el piso de la cocina. Habilidades femeninas consideradas como elementales, convencionales y prosaicas. Pero, es necesario que se hagan esas cosas, que alguien se encargue de eso, de preferencia una mujer buena para todo. Mujeres muy pacientes que repiten infinitamente las mismas acciones.

En este texto, reconozco la valía del trabajo de todas aquellas mujeres que trabajaron en casa, y agradezco enormemente sus labores que hicieron que mi tarea de cocinera fuera más gozosa.

En esta cocina me identifiqué mucho con lo que René Vázquez dice en El sabor de Cuba. Comer y beber, (Barcelona, Tusquets Editores, 2002), “Preparando algún plato tradicional o inventado por mí mismo quemo mis demonios, me libro de mis miedos, gano serenidad, me asombro como un niño, imagino mis ficciones y me burlo de mi exilio y de la muerte”.  Así fue en mi caso, disfrutaba al máximo cocinar platillos de la gastronomía poblana, o concebir un plato con ingredientes nuevos, le perdí el miedo a atreverme a cambiar una receta, gane entereza ante mis fracasos culinarios, nunca deje de asombrarme por los milagros ocurridos en la cocina, realicé mis propias narraciones acerca del acto de cocinar, solo no me burle de mi exilio, sino que esperé el tiempo necesario para regresar a Puebla, de la muerte, hoy no hablamos. Esto fue hasta que mi pasión por la fotografía terminó de cocinarse, y cambió radicalmente mi vida.

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