LA TRADICIÓN DEL VIERNES SANTO EN PUEBLA Y LA COMIDA CALLEJERA

El miércoles de ceniza se despiden los amantes, 
y el Sábado de Gloria vuelven a ser lo que eran antes.
 Del dominio popular.

La Cuaresma inicia el Miércoles de ceniza y termina en la Semana Santa o Semana Mayor. Dentro de la Semana Santa, el Viernes Santo es una de las principales celebraciones del cristianismo, día en que se recuerda la crucifixión de Jesucristo en el Calvario. Fundamentalmente, es un día de duelo, ayuno y abstinencia se incluyen como precepto a obedecer.

Antaño, la Cuaresma era un tiempo de recogimiento y moderación, se solemnizaban el Miércoles de ceniza -primer día de abstinencia de carnes- y los siete Viernes de Cuaresma, -días en que entraban en acción los guisos de la “Vigilia reservada”-.

Las practicas devocionales más comunes en la Semana Santa en Puebla, comprendían las visitas a los templos que tenían las imágenes más notables de Jesucristo en los diferentes momentos de la “Pasión del Señor”, el recorrido del camino del “Vía Crucis” y la “Procesión de Viernes Santo”.

Cruz con los símbolos de “La Pasión” en Talavera. 1986. Fotógrafa Lilia Martínez.

Cruz con los símbolos de “La Pasión” en Talavera. 1986. Fotógrafa Lilia Martínez.

Del Viernes Santo, conoceremos como era la tradición popular y el Saber y comer de la comida callejera, en voz de cuatro autores:

  • Guillermo Prieto, Guillermo Prieto en Puebla, (BUAP, 1997).
  • Ángel Campos Ávila, Ayeres poblanos, (BUAP, 2001).
  • Miko Villa, Puebla 450, (Editorial Cajica, 1981).
  • Alberto Peralta de Legarreta, Saber y comer. Cultura gastronómica en México, (Tesis de Doctorado, 2016).

Guillermo Prieto, en sus acostumbrados cuadros de costumbres, narra sus experiencias obtenidas durante una de sus visitas a Puebla. En Semana Santa de hogaño -abril de 1879-, observando desde el Portal de la Flores, discurre acerca de lo que era un puesto de aguas frescas: “un puesto suntuoso de aguas lojas. El puesto ocupaba tres arcos en que corría el banco de arena, alma del puesto cubierto de verduras y ramos de flores: en el banco se ostentaban las tinajas colosales de chía, horchata, tamarindo, piña y jamaica. En los pilares del puesto había espejos, bandillas y banderillas de colores, y del centro de los arcos pendían arañas de cristal”.

“La vendedora de aguas frescas” Agustín Arrieta, ca. 1850.

“La vendedora de aguas frescas” Agustín Arrieta, ca. 1850.

Ángel Campos, de las tradiciones populares, dice que “El Viernes Santo había que ir al Calvario, pasando por el Paseo de San Francisco y ese pintoresco lugar llamado Las Piadosas. A pesar de lo temprano que pudiera uno llegar ya había mucha gente desde la madrugada, sobre todo los comerciantes instalando sus barracas e improvisados y sencillos comedores para familias que legaban con intención de desayunar los sabrosos tamales y los ricos atoles, las higiénicas gelatinas, el pan de fiesta y muchos otros antojos que se servían. La gente que agarraba de variedad la ida al Calvario, se quedaba hasta ya tarde, echándose sus tandas de pulque para asentar los platotes de enchiladas que se habían empacado, a pesar de la vigilia mayor. Y nada raro era que, al calor de las tandas, y por un simple dime que te diré, se dieran su desconocida. La gente de orden regresaba luego a sus casas, para estar en la mejor disposición de asistir por la tarde, con toda devoción a la Ceremonia del Pésame.”

Paseo de San Francisco. Latapi & Bert, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Paseo de San Francisco. Latapi & Bert, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Las Piadosas. Latapi & Bert, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Las Piadosas. Latapi & Bert, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Miko Villa, también evoca los paseos al Calvario el Viernes Santo: “La gente iba de oscuro y había un tono menor en la conmemoración, aunque no faltaban los puestos, los globos, las matracas y juguetes para los niños, la nieve, y los canutos; los pasteleros y dulceros, y por supuesto, las tentadoras fritangas con las clásicas chalupas de San Francisco”

Paseo de San Francisco. Posta Mex., Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Paseo de San Francisco. Posta Mex., Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Alberto Peralta dice que, el satisfacer el apetito con la comida callejera, “es entregarse a la seducción de una multiplicidad de alimentos y perderse sin remedio en un laberinto sensual. Los siglos de la historia del comer han transcurrido lentamente, pero la vocación por recorrer las calles y probar alimentos fuera de casa al cobijo de simples toldos, debajo de informales carpas y techumbres o en changarros con improvisado mobiliario e instalaciones, continúa y se diversifica con gran creatividad cada día. Los tiempos previos a la conquista vieron el inicio de la tradición mexicana de consumir alimentos en las calles, costumbre que se mantuvo durante el período virreinal y que hoy en día define en buena forma la manera en que se percibe y comparte la comida en la metrópoli. Se trata de una herencia ancestral”

Preparando la comida. F.K., Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Preparando la comida. F.K., Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Vendedora de Buñuelos. Edición Domínguez, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Vendedora de Buñuelos. Edición Domínguez, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Para conocer la ruta del recorrido del Viacrucis Angelopolitano que antaño se realizaba durante la Semana Santa, favor de escuchar la interesante descripción que Claudia Marín hace en «Geografía procesional, el camino de la cruz», un programa realizado en Radio BUAP, Puebla, el sábado 12 abril de 2014, actualmente disponible en SoundCloud:

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