Monthly Archives: enero, 2016

LA LISTA DE COMPRAS ENTRE LO IDEAL Y LA REALIDAD

Toda mujer debe conocer el arte de comprar las provisiones
para la familia, y esto debe adquirirse en la juventud
y en el hogar doméstico; porque después que pesa
sobre ella la responsabilidad del manejo de una casa,
no es ya el tiempo á propósito para ese aprendizaje. 

Atkinson y García, Economía é higiene doméstica, 1888.

Ya casada, y por razones de trabajo de mi señor marido (ingeniero civil), vivimos en varios lugares del país, entre ellos en un campamento llamado Ciudad Alemán, situado en el Estado de Veracruz. En este lugar estaba en funcionamiento la Comisión del Papaloapan, de la extinta Secretaría de Recursos Hidráulicos, cuya misión era proyectar y construir las obras de infraestructura de toda la Cuenca del Río Papaloapan, o Río de las Mariposas.

Folleto. Localización de la “Cuenca del Papaloapan”, Comisión del Papaloapan, S.R.H., 1975. Centro de Documentación Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Folleto. Localización de la “Cuenca del Papaloapan”, Comisión del Papaloapan, S.R.H., 1975. Centro de Documentación Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Logotipo de la Comisión del Papaloapan, S.R.H., 1975. Centro de Documentación Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Logotipo de la Comisión del Papaloapan, S.R.H., 1975. Centro de Documentación Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

A este campamento, cuya temperatura llegaba a estar a más de 35° grados a la sombra, llegamos con Vero, nuestra primera hija, después nació Caro.

Con Vero y Caro en el campamento, en el mes de enero, el único en que hacía frio! 1973. Colección Familia RojanoMartínez.

Con Vero y Caro en el campamento, en el mes de enero, el único en que hacía frío! 1973. Colección Familia RojanoMartínez.

Nuestra casa estaba ubicada en la última calle, así que las ventanas daban a la selva, ventanas desde donde veía transcurrir la vida de un lugar nuevo para mí –tenía 22 años en esa época. Por las mañanas era muy agradable entrar a la cocina, estaba muy fresca, ya que toda la noche la ventana permanecía abierta con la protección del mosquitero; además, el aroma de la vegetación era muy agradable.

En el campamento estaban las oficinas, escuelas, casas para el personal con sus familias, los comedores y las áreas de entretenimiento. Como la zona era federal, no existían locales comerciales, estos se hallaban en las poblaciones cercanas: Gabino Barreda y Tres Valles, ambas de Veracruz, y también en la vecina Tuxtepec, Oax. Para surtirme de los productos necesarios para la comida de la semana, acudía los sábados a Tuxtepec a una tienda llamada “Los Poblanos” ya que solamente ahí -y en ese único día- vendían la verdura, fruta, y a veces flores, que conocía. Había que ir muy temprano ya que todo se terminaba pronto.

Viñeta del libro “Arte de comprar y conocer los alimentos”, G. Bernard de Ferrer, Editorial Molino, España, 1961. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Viñeta del libro “Arte de comprar y conocer los alimentos”, G. Bernard de Ferrer, Editorial Molino, España, 1961. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

En el campamento ningún menú me funcionaba en realidad, por lo que organizaba las comidas de la semana en función de lo que hubiera encontrado en la tienda.

Una manera de abastecerme, para variar sustancialmente el menú, era gracias a mi entrañable suegra, quien amablemente nos enviaba por paquetería “a ocurre” una caja con los ingredientes que, anticipadamente en una cartita, le hubiera solicitado – en el campamento existía una terminal de autobuses ADO, en donde se podía recibir paquetería-. Ir a recoger la caja era una fiesta ya que, aparte del mandado, venía una cartita con las novedades familiares y el periódico del día.

Debido a la cercanía del río, tres días a la semana y muy temprano, pasaba el vendedor de pescado, quien con el pregón ¡¡¡pescaooo frecooo quien compra!!! anunciaba su mercancía. Este pescado era el chucumite del río Papaloapan, un pescado de forma y sabor muy parecido al robalo.  Los mismos pescadores eran los que lo vendían a un precio muy bajo: cinco pesos, una ganga comparado con lo caro que estaba todo en la región -a colación diré que en esa época un kilo de plátano Tabasco costaba un peso-. Con un pescado comíamos toda la familia.

Robalo, viñeta del libro “… y la comida se hizo_economica”, Roger Díaz de Cossío coordinador, DICONSA. México, 1986. La edición con un tiraje de 110,000 ejemplares. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Robalo, viñeta del libro “… y la comida se hizo_economica”, Roger Díaz de Cossío coordinador, DICONSA. México, 1986. La edición con un tiraje de 110,000 ejemplares. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Solía preparar el chucumite de manera muy sencilla, empapelado con mantequilla y hoja santa y cocido al horno. Lo servía con arroz blanco al vapor y frijoles negros como se acostumbraba guisarlos en la región.

De postre compraba los tamales propios de Veracruz: los tamales de elote, cuya masa es de elote con mantequilla, manteca y panela y con relleno de carne con chile. Estos tamales, por su combinación dulce-salado, me sorprendieron.

Del Calendario-Recetario La Cuenca del Papaloapan 1997, coordinado por su Patronato de Apoyo Voluntario y realizado con la aportación de recetas de los lugareños, -calendario que afectuosamente me dio Jorge Lépez Vela por mi amor a la fotografía y a la cocina, y sin saber que habíamos vivido en la cuenca- les presento la receta de estos tamales de elote, una manifestación de la rica cultura culinaria de la cuenca, manifestada en la forma, olor, sabor y textura de estos tamales -por cierto, muy diferentes a los poblanos.

Portada “La Cuenca del Papaloapan 1997”, Calendario-Recetario, Patronato de Apoyo Voluntario, Voluntariado DIF Estatal Veracruz, 1997. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Portada “La Cuenca del Papaloapan 1997”, Calendario-Recetario, Patronato de Apoyo Voluntario, Voluntariado DIF Estatal Veracruz, 1997. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

 

Receta “Tamales de elote” de Gabriela Ramírez Moreno, en el Calendario-Recetario “La Cuenca del Papaloapan”. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Receta “Tamales de elote” de Gabriela Ramírez Moreno, en el Calendario-Recetario “La Cuenca del Papaloapan”. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

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30 MENÚS PARA LA COMIDA DE DIARIO

 Las comidas de antaño ofrecidas y compartidas
con la familia es una manera de repetir la dulzura
del pasado y la ternura de los rostros amados.
Luce  Giard, Hacer de comer, 1999.

Nuestras abuelas, hasta la primera mitad de Siglo XX, preparaban comidas asombrosas. Su menú “incluía una serie increíble de platos: entremés calientes y fríos, una sopa, un principio, un pescado, un plato de carne con verduras, caza, ensaladas, quesos, un postre de cocina, frutas, pastelillos” (esto lo leemos en la Enciclopedia Familia 2000, en el fascículo 1, cocina para todos, s/f). Ahora es diferente, todo esto nos parece un exceso; además, por el tipo de actividades que desarrollamos no tendríamos el tiempo para consumir tantos alimentos, ni nuestra salud nos lo permitiría.

En el mismo libro, Familia 2000, al respecto de la preparación de la comida las recomendaciones son:

“Los entremés deben ser ligeros para no llenar el estómago antes de que llegue el plato principal.

No se sirven pastas y papas en una misma comida.

No se sirven, en una comida, platos diferentes en base a una misma carne, ni dos acompañamientos del mismo origen (tomates frescos y tomates en conserva).

Calcule las cantidades de forma que pueda volver a ofrecer a cada comensal del mismo plato.

Al final de la comida sirva un buen café”

Una observación acerca de estas “recomendaciones” es que, si ahora se guisara para “volver a ofrecer a cada comensal del mismo plato” como decían en ese momento las reglas de etiqueta, tendríamos que ¡comer por varios días los sobrantes de la comida!

Familia Marín Hirschman en el comedor, ya en el café. El punto de vista de la cámara es para destacar a la mesa. Fotógrafo Miguel Marín Hirschman, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.Familia Marín Hirschman en el comedor, ya en el café. El punto de vista de la cámara es para destacar a la mesa. Fotógrafo Miguel Marín Hirschman, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Dr. Liborio Ramírez y su familia en el aperitivo, gala poblana en la mesa del comedor para la comida de diario. Fotógrafo Alfonso Ramírez, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Dr. Liborio Ramírez y su familia en el aperitivo, gala poblana en la mesa del comedor para la comida de diario. Fotógrafo Alfonso Ramírez, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

El manuscrito Cuaderno de Economía Doméstica, perteneciente a Rosaura N., año de 1936, trata entre algunos de sus temas:

  • De la Importancia de la Economía
  • De qué se compone el cuerpo humano
  • De la clasificación de los alimentos
  • Los utensilios necesarios para la cocina
  • Los Menús de comida integral
  • Ropa indispensable para cada dependencia: Cocina. Comedor
  • Recetario.

Aquí me referiré al tema de los menús de comida integral según el cuaderno. Cada menú contiene cinco platillos: Sopa, huevos guisados en diferentes formas o ensaladas, carnes preparadas, frijoles, postre o fruta y café. Lo observado en el tema es que Rosaura ya considera a los menús como un conjunto de “comida integral”, esto es, la puesta en  práctica de los conocimientos indispensables en la preparación de los alimentos con todos los valores nutritivos para la buena salud de la familia como un resultado total -de ahí el interés de ella en elaborar todo un tratado sobre Economía Doméstica. También en ese momento (1936) todavía piensa a la fruta como un postre, una reminiscencia del siglo XlX cuando algunas frutas eran consideradas “un lujo”.

En el reverso de una tarjeta/invitación a la Gran Kermesse girada por “El Club Hispano–Mexicano de Puebla” (en 1953) se encuentra en manuscrito un menú para una semana -de domingo a sábado- con un número de platillos variables, de dos a cuatro por día: sopa, carne preparada, ensalada o huevos. Lo interesante de este menú es que refiere a las recetas con un número: 1380, 1378, 1376, etc., y a la revista Paquita como si ahí se encontraran. Habrá que investigarlo.

Menú para una semana al reverso de una tarjeta-invitación. Centro de Documentación Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Menú para una semana al reverso de una tarjeta-invitación. Centro de Documentación Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

De los recetarios manuscritos con que cuento, esta uno del siglo XIX que considero, fue formado por varias personas, ya que contiene recetas escritas en diferentes estilos y letras.  Del manuscrito escogí la receta de Puré de chícharos para cocinar los Envueltos de puré de chícharos que vienen en este menú en el día martes. Como se dificulta leer la receta la transcribo a continuación:

«Se ponen a cocer los chícharos se ponen a escurrir muy bien se les hecha sal pimienta y huevos como para empanizar y luego se fríen en manteca.»

Receta "Pure de chicharos"

Receta «Pure de chicharos»

“En la variedad está el gusto” dice en el prólogo de su libro, Un menú para cada día del mes, Virginia Ramos Espinosa (libro de Editorial Diana, México, que en primera edición se publicó en 1972, y ya en 1993 alcanzaba su 18a impresión). Ramos dice que, para ella, es en la mesa donde los vínculos familiares pueden reafirmarse; para ello, la mesa siempre tiene que ser agradable a sus comensales, una mesa “que dé realce a los alimentos que se disponen dentro del marco de una comida sana y bien balanceada en cuanto a factores nutritivos, que sea al mismo tiempo deliciosa y económica, y con las características de la sabrosa condimentación mexicana”. En el libro, Virginia Ramos indica cada uno de sus 30 menús como “Menú número 1, 2, 3, etc.” e incluyen cinco platillos: sopa, una entrada, carne en distintas preparaciones, ensalada o algún tipo de “antojito”, y postre. A algunos menús los clasifica como de vigilia, o para la cena de Navidad, y todos están calculados para 6 personas. Por ejemplo, para la preparación de los cinco platillos del menú número 6, se requiere de 39 ingredientes diferentes.

En el libro, también llamado, Un menú para cada día del mes (Gómez Gómez Hnos. Editores, México, 1983), los editores obviaron el nombre del autor, mas por el título y la composición de los menús podemos suponer que también se trata de Virginia Ramos Espinosa. Los editores lo presentan como una guía para resolver los problemas de la preparación de la comida diaria, que “son recetas sabrosísimas, con ingredientes conocidos y relativamente económica. Sus familiares y amigos se sorprenderán al paladear esta exquisita comida. Muchas gracias”. También comentan que se podrán elaborar menús combinando los diferentes platillos consultando el índice, en el que se encuentran “para la mesa diaria, platillos básicos de la cocina mexicana; 31 menús o minutas para un mes de comidas variadas, con cuatro platillos en torno a la mesa, ninguno de ellos representa una carga al presupuesto familiar”.

Mi entrañable suegra, a quien en realidad no le gustaba cocinar, hacía el siguiente menú cada día (de lunes a viernes):

  • Sopa aguada
  • Sopa de arroz, ya fuera con huevo estrellado o con plátanos fritos
  • Un guisado con carne (variaba los ingredientes)
  • Frijoles “güeros” aguados o refritos (no le gustaba el frijol negro)
  • Salsa verde
  • Postre
  • Agua de limón

Lo primero que hacía, después de desayunar, era poner una olla con agua a hervir para lo que pudiera necesitar, y posteriormente iba al mercado a hacer las compras (aunque ya de tiempo contaba con refrigerador, le gustaba salir porque decía que para cocinar quería todo “fresco”). Esto me recuerda la importante regla de Jules Gouffé en “El libro de cocina”: que al elaborar la comida y los menús, estos “deben componerse con arreglo a las provisiones que se tienen a mano o que pueden adquirirse fácilmente; de esta manera será la comida mejor y resultará más barata”.

Comida en familia, tres generaciones. Autor desconocido, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Comida en familia, tres generaciones. Autor desconocido, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Amado Beltrán y su esposa Celestina con la familia. Fotógrafo García Cano, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Amado Beltrán y su esposa Celestina con la familia. Fotógrafo García Cano, Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

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LA EXQUISITA COMIDA, LA BONDAD DE LOS VINOS Y LOS JUBILOSOS BRINDIS EN LA “DESPEDIDA DE SOLTERO”

El placer de sentarse a la mesa comienza asimismo
en la impecable caída de un mantel fino de lino,
en sus pliegues redondeados, alisados, bien ordenados.
Prosigue en las burbujas del champán, y luego en la partitura
de una comida pensada hasta en sus detalles más precisos.

Alain Ducasse, Diccionario del amante de la cocina, 2003.

El banquete ilustra uno de los grandes placeres de la vida: compartir deliciosos alimentos y exultantes bebidas con los amigos.  Para quien lo ofrecía, era una forma de poner de manifiesto su riqueza y su fasto en un momento de sociabilidad colmado de gran contenido social y poder comunicativo. El origen de la palabra banquete está en la costumbre de sentarse en bancos para los festines y se rige por ciertos protocolos y reglas de conducta.

Hacia 1920, en Puebla, el banquete era una de las principales marcas de solidaridad de un grupo, por ejemplo el organizado con motivo de la “despedida de soltero” de Tomas Zulueta Aldama, la ocasión perfecta para la reunión de caballeros. Dicho banquete se desarrolló con una fiesta bien ordenada y el menú, cual partitura, era un adjunto necesario, ya que mostraba a los comensales un anticipo de las delicias de la mesa: la excelencia de la comida y la bondad de los vinos.

Los menús de estos banquetes podían ser considerados como una obra de arte, ya que sus ornamentos eran refinados y artísticos -ya fueran formados por expertos dibujantes o por tipógrafos creativos en imprentas de primera clase-. Así, los menús sellaban la alianza entre la gastronomía y las Bellas Artes, y cuando todo terminaba era conservado como un recuerdo del memorable acontecimiento.

El banquete de «despedida de soltero» incluía una serie de ritos, entre ellos el más emotivo, cuando vino y lenguaje se unían en una liturgia solemne: el brindis. Éste comenzaba cuando aparecían los vinos finos a mitad de la comida, momento en que el invitado que más apreciara al festejado levantaba su copa y pedía a los compañeros de mesa que bebieran por la felicidad del futuro desposado, y su ejemplo era seguido unánimemente por toda la mesa. Desde ese instante, y hasta el café, no se bebía nada sin proponer un brindis –y todos se parecían porque estaban cargados de bellas palabras, de buenos deseos y de grandes esperanzas para el futuro del desposado-. Su repetición llegaba a resultar fastidiosa ya que armaba mucho ruido, era una forma de incitar a beber más, e impedía a los golosos saborear sus bocados. A veces degeneraba en un bacanal.

La fotografía de Zulueta con sus amigos posando en el momento del brindis, fue tomada por Ismael Rodríguez Ávalos, un importante fotógrafo de la ciudad. En el soporte, en una etiqueta, tiene el siguiente texto: “Banquete ofrecido a sus amigos, por el Sr. TOMAS ZULUETA ALDAMA la noche del 20 de Noviembre de 1920, para despedirse de la vida de soltero. Fot. I. R. Avalos. Av. Reforma, 304, PUEBLA, Méx.”

Fotografía de Ismael Rodríguez Ávalos, prolífico autor especialista en retrato individual y de grupo. Instalado en Puebla de 1905 a 1922 cuando se traslada a la ciudad de México. Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Fotografía de Ismael Rodríguez Ávalos, prolífico autor especialista en retrato individual y de grupo. Instalado en Puebla de 1905 a 1922, cuando se traslada a la ciudad de México. Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Contar con la fotografía del banquete de la “despedida de soltero”, así como los menús -valiosas fuentes primarias, aunque desafortunadamente poco utilizadas- es un privilegio, ya que además de tener la oportunidad de ilustrarse sobre las gentilezas y usanzas de la época, también permiten conocer más sobre la cocina de la Puebla de los Ángeles a inicios del Siglo XX (en ese momento muy influenciada por la cocina francesa, por ello se observa que algunos platos del menú están escritos en francés).

La invitación-menú para el banquete girada por Zulueta dice lo siguiente: “Banquete que para celebrar su despedida de la vida de soltero ofrece a sus amigos el Señor Tomas Zulueta y Aldama. Puebla, 20 de noviembre de 1920”. Dicho menú proporcionaba a los comensales, detalles de la comida que sería servida, permitía medir el apetito y escoger el plato preferido. De la sección de los vinos, cada convidado podía elegir qué y cuanto beber. Podemos suponer que las bebidas y los platillos ofrecidos en el banquete, fueron suficientes para cifrar el prestigio de Zulueta y satisfacer la gula de sus amigos.

El menú, muestra a la gran cocina poblana de la época: culta; de sabores refinados, exquisitos y variados, aunque complicados. Dicha minuta contiene lo siguiente:

Martini. Cocktail / Potaje crema Muselina. Galantina de Pavo

Haut Sauternes / Pollo salsa Tártara. Crustadas de foie-gras

Marqués Riscal / Filete con cepas y trufas. Espárragos a la ravigota

Champagne Vda Clicquot / Postre Crema de Chocolate. Pastel royal

Cognac Hennesy / Café y Té”

De este menú, elegí presentar La Galantina de Pavo, receta que Gouffé coloca en el rubro de «Grandes piezas. -Entradas. –Entremes Fiambres. –Hors-d’ouvre«, esencialmente es un manjar ligero. Además, por su complicada preparación, su vistosa presentación y su derroche de fantasía. La imagen del libro vista en una lámina a color, recuerda a la película de Vatel, la historia del cocinero francés del siglo XVII (Gerard Depardieu), quien en unas fiestas, concibe menús muy elaborados en grandiosas puestas en escena.

“Galantina de Pavo”, receta de “El libro de cocina” de Jules Gouffé. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

“Galantina de Pavo”, receta de “El libro de cocina” de Jules Gouffé. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

En correspondencia, los amigos de Zulueta le ofrecen un banquete el 24 de noviembre de 1920. La invitación-menú dice: “Ofrecemos a nuestro buen amigo Tomas Zulueta Aldama, este banquete que sintetiza nuestros deseos por su felicidad al despedirlo afectuosamente de su vida de soltero.”

Los firmantes son: Antonio Álvarez, Antonio Herrán, Bernardo Hernández, Emilio Colubi, Ismael Rodríguez Ávalos (el fotógrafo), Juan Astudillo, Joaquín Ibáñez, Jesús Cienfuegos, Jesús Lainz, Laureano Álvarez, Luis Goicochea, Leandro Zulueta Aldama, Leoncio Cámara, Leoncio González Alberú, Nicolás Armenta, Ramón de Con Alonso, Ramón Sierra, Ramón Martínez, Teófilo Miera, Victoriano Álvarez y Valentín Samaniego.

Podemos suponer que los personajes que acompañan a Zulueta en la fotografía de su banquete, sean los mismos que firman la invitación para este banquete.

El menú incluye lo siguiente:

Vinos / Entradas

Amontillado /Sopa de Ostiones. Huevos rellenos a la Cardinal

Haut Sauternes / Huachinango a la Holandesa

Marqués Riscal / Pavo Relleno al Horno. Espárragos a la vinagreta

Champagne Vda. Clicquot / Postres. Gelatinas. Helados

Cognac Hennesy / Café y Té”

De este segundo menú, incorporo la receta de Sopa de Ostiones, también de Gouffé, quien dice de la sopa: «Su misión es preparar la comida», en el libro esta mencionada también como Potage, tal como se le menciona a la sopa en el primer menú.

“Sopa de Ostiones”, receta de “El libro de cocina” de Jules Gouffé. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

“Sopa de Ostiones”, receta de “El libro de cocina” de Jules Gouffé. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

“El libro de cocina” de Jules Gouffé. Antiguo jefe de cocina del Jockey-Club de París Madrid, Librerías de A. De San Martín, Editor, 1885. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

“El libro de cocina” de Jules Gouffé. Antiguo jefe de cocina del Jockey-Club de París Madrid, Librerías de A. De San Martín, Editor, 1885. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Y, finalmente, pasada la media noche y ya apurados el café y el Cognac, empezaban las despedidas, se alzaban los manteles y se guardaba todo concluyendo merecidamente el banquete.

Así y todo: la fotografía y el arte culinario manifestado en los menús, son símbolos del pacto de buenaventura de los concurrentes con Zulueta. También, del conjunto de experiencias y tradiciones alrededor de una buena mesa.

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LOS REYES MAGOS CON REGALOS PARA LOS NIÑOS. LA PARTIDA DE LA ROSCA

Llegaron los Reyes a Nazareth adoraron a Jesús,
que estaba con su madre y le ofrecieron los dones que traían:
oro, como rey; mirra, como hombre accesible
al dolor e incienso, reservado a la divinidad.
Letizia Arbeteta Mira, Magos y Pastores, 2006.

La adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús se celebra el 6 de enero. Los Reyes Melchor, Gaspar y Baltazar, llegados de Oriente, venían montados en su camello, caballo y elefante y cargados con regalos para el Niño. Así, el 6 de enero se convertiría -hasta hoy día- en una festividad llena de regocijo para los niños quienes, anhelantes, esperan la visita de los Reyes por los regalos que les traerán. Una noche antes, y preparándose para la llegada, los niños ponen dentro de un zapato -en la puerta o la ventana de su recámara- una cartita donde piden los juguetes deseados y se acuestan temprano para darles a los Santos Reyes la oportunidad de dejarles los juguetes.

En nuestra infancia, mi hermana Lucy –la mayor- era muy dormilona, tanto que no “madrugaba” para ver qué le habían traído los Reyes Magos, así que nosotros le “madrugábamos” sus juguetes: escogíamos lo que más nos gustaban y le dejábamos lo que no queríamos. Después mi mamá le hacía justicia regresándole lo que era de ella porque ¡no podíamos convencerla de que esos juguetes eran de nosotros!

Parte importante de la celebración del día de Reyes era la Partida de la Rosca, una costumbre que reune a la familia y a los amigos. La rosca -de forma circular que simboliza el amor eterno de Dios, que no tiene principio ni fin- es preparada con pan de harina blanca y levadura, endulzada con miel y adornada con confites como higos, rajas de acitrón y de naranja –los confites significan las distracciones del mundo que impiden encontrar a Jesús, mientras que el muñequito -antiguamente de porcelana, hoy de plástico- escondido dentro de la rosca simboliza al Niño Jesús escondido de la persecución de Herodes. Durante la partida, el que encuentra el muñequito contribuye con tamales y atole para la fiesta el 2 de febrero, Día de la Candelaria.

Para mi abuela Aurora éste era el festejo más importante que ella ofrecía a sus nietos y a los niños vecinos; era cuando hacía una inmensa rosca, tan grande que la horneaba por partes. Completaba el menú con gelatinas y chocolate caliente. Para la partida, ponía la rosca en la mesa del comedor y en el centro colocaba un tren que funcionaba a base de cuerda. Cuando ya estábamos todos sentados ponía a funcionar el tren, y al que estuviera sentado en el lugar donde éste se detenía le correspondía un regalito -que podía escoger entre un juguete, dulces o chocolates. Era muy emocionante, porque siempre deseabas que el tren se detuviera justo en tu lugar para llevarte el regalo.             

Algunos años, e invitada por mis abuelos Lolis y Santitos, acudíamos a la fiesta tradicional en San Baltasar Campeche, lugar donde personas procedentes de todos los rumbos de la ciudad acudían en romería a la feria patronal. Desde las primeras horas del día, los cohetes anunciaban que ya estaban listos los puestos de los antojitos: chalupas con carne de res deshebrada, tamales -de mole, rajas con queso y dulce-, mole, enchiladas, pan de fiesta, pan de dulce, cocoles de anís y colorados y atole blanco, champurrado o arroz con leche. La fiesta cerraba con los fuegos artificiales.

Actualmente se siguen preservando estas importantes tradiciones: los niños siguen recibiendo juguetes de los Reyes Magos y la partida de la rosca continúa estableciendo lazos de convivencia entre familiares y amigos.

Casa de la familia RojanoMartínez, “Rosca de Reyes” del 6 de enero de 2014. Mantel de lamé dorado, camino de mesa también de lamé, vajilla Limoges France, cubertería Inox Beck, copas, gelatina en copas vintage, servilletas de papel, pasteleros con pedestal vintage con polvorones sevillanos y fruta y la rosca de la panadería La Almendra.

Fotógrafa Lilia Martínez.

Fotógrafa Lilia Martínez.

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