Monthly Archives: octubre, 2015

ENSAMBLE DE RECETARIOS DE COCINA POBLANA, ALGUNOS TÍTULOS 1872-1971

 Los tratados de cocina son el reflejo inconsciente  
de la vida cotidiana y el lugar donde confluyen 
 las costumbres a través de los siglos.  
Jean-Francois Revel, Un festín de palabras, 1980.

A Puebla se le reconoce como un lugar de gran tradición culinaria. Además, esta ciudad sobresale por la temprana difusión de su gastronomía, ya que desde 1872 -año en que apareció su libro insignia: La cocinera poblana (siendo este ejemplar el primer recetario publicado en una ciudad de provincia, reeditándose cuatro veces)- sus recetas siguieron aparecido en libros, agendas y enciclopedias.

La compilación de libros sobre cocina poblana, que aquí presento, es la primera tentativa de mostrar los recetarios y manuales más representativos de Puebla, en un periodo de 1872 a 1971. Estos ejemplares llamaron la atención de personajes como Armando Farga, Marco Buenrostro, Socorro Puig, María Stoopen -quienes hacen un recuento sobre recetarios regionales, registrando del Estado de Puebla el número más alto con 22 ejemplares, siguiéndole Mérida con 14-, José Luis Juárez López, Alberto Peralta de Legarreta y Alonso Pérez Fragua –que, en su carácter de académicos, investigadores y gestores culturales, se han ocupado de investigarlos y reseñarlos en publicaciones impresas y en la web 2.0-.

Comenzaré con La cocinera poblana y el libro de las familias. José Luis Juárez López, en Nacionalismo culinario. La cocina mexicana en el siglo XX (CONACULTA, 2008), dice que: Su vigencia fue asimismo prolongada. Se editó a partir de 1872 y sus recetas se reprodujeron igualmente en el Almanaque de la casa Bouret y hacia 1922 todavía se utilizaban, como se verá más adelante, para la enseñanza de la cocina en la Escuela Normal para Profesoras. Pero el caso de duración excepcional de “La cocinera poblana y el libro de las familias” se debió en gran parte al hecho de que contiene un apartado de cocina mexicana y que como referente de lo que era la cocina del país le valió ediciones en 1901, 1913, 1921 y 1926. Del mismo libro, Armando Farga en su Historia de la comida en México (Litográfica México, 1968), expresa: En 1872, Narciso Bassols, de origen Catalán, residente en Puebla, músico y muy amante de la cocina, publicó “La cocinera poblana”, conteniendo cerca de 2,000 recetas, con Tratado de Pastelería, Confitería y Medicina Doméstica, y “secretos para conservar la salud y prolongar la vida”; obra muy apreciada por sus varias ediciones.

Portadilla del libro “La cocinera Mexicana y el libro de las familias. Novísimo manual práctico de cocina española, francesa, inglesa y mexicana”, Tip. De J. F. Jens., Tercera edición, México, 1897. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Portadilla del libro “La cocinera Mexicana y el libro de las familias. Novísimo manual práctico de cocina española, francesa, inglesa y mexicana”, Tip. De J. F. Jens., Tercera edición, México, 1897. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

De los varios cuadernos de La Cocina de BolsilloArmando Farga    -igualmente en su Historia de la comida en México-, dice: Antonio Vanegas Arroyo editor que vino a Puebla en 1867, publicó a fines del siglo XIX, ilustrados por el gran dibujante folklórico José Guadalupe Posada. Sobre el mismo ejemplar, José Luis Juárez López, ahora en Engranaje culinario. La cocina mexicana en el siglo XIX (CONACULTA, 2012), menciona: se editaron de 1903  a 1907 por Vanegas Arroyo a partir de la “La cocinera poblana y el libro de las familias” fueron portadores de preparaciones como rajas poblanas, mole de guajolote y verde, salsa borracha, tamales, nopalitos en aceite y vinagre, chicha, tepache y pulque de piña y de tuna o sangre de conejo.

“La Cocina en el Bolsillo. No. 5”, Antonio Vanegas Editor, México, s/f. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

“La Cocina en el Bolsillo. No. 5”, Antonio Vanegas Editor, México, s/f. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

El siguiente libro, Manual de cocina, de María Isla (Puebla, 1911), está basado en la recopilación de recetas de amas de casa poblanas y para beneficio de la Casa deLa Misericordia Cristiana”. Esta vez José Luis Juárez López -también en Engranaje culinario. La cocina mexicana en el siglo XIX- señala: Este recetario poblano tiene solo algunas recetas mexicanas mole, chilaquiles, salsa de chipotle y envueltos. Es notoria la cantidad de productos importados que requería como mostaza francesa, orégano de Castilla y de China, queso de Nápoles y Flandes, trufas y otros para hacer arroz a la valenciana, caldo alemán, crema belga y sopas americanas e inglesas.

Portadilla del libro “Manual de cocina. Recetas recopiladas por la Srita. María Isla quien las cedió a la Casa de “La Misericordia Cristiana””, Puebla, 1911. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Portadilla del libro “Manual de cocina. Recetas recopiladas por la Srita. María Isla quien las cedió a la Casa de “La Misericordia Cristiana””, Puebla, 1911. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Socorro Puig y María Stoopen, en Historia de la cocina mexicana a través de sus publicaciones (Museo Franz Mayer, 1997), dicen que Melitón Salazar Monroy, con la Típica cocina poblana y los guisos de sus religiosas, es incipiente precursor de una tendencia que en adelante tendrá gran auge, la de la investigación de temas culinarios. Su modesta publicación de 1945 está dedicada a recoger las recetas clásicas de los conventos poblanos y a describir los espacios culinarios donde se elaboraron algunos famosos platillos.

“Típica cocina poblana y los guisos de sus religiosas”, Melitón Salazar Monroy, Puebla, 1945. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

“Típica cocina poblana y los guisos de sus religiosas”, Melitón Salazar Monroy, Puebla, 1945. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

De Josefina Velázquez de León -prolífica autora, empresaria, directora de una academia culinaria (en los inicios de los años cuarentas mantuvo una sucursal en Puebla), y difusora de la cocina mexicana, primero en radio y luego en televisión-, existe la Cocina Poblana en dos ediciones, una de ellas de 1952, Marco Buenrostro y especialmente para esta nota, ha escrito sobre este libro lo siguiente: Recetario editado en 1952 por Josefina Velázquez de León, registra dos leyendas -origen del mole y de los chiles en nogada- que dan la fama a la cocina de la ciudad de Puebla, desde mi punto de vista no hace falta basarla en leyendas; la poblana es una cocina mucho más vasta y con un sinnúmero de platillos y preparaciones que pueden representar dignamente a cada una de las regiones y culturas tradicionales del estado; una buena cantidad, se dan encuentro en la capital. José Luis Juárez López, nuevamente en Nacionalismo culinario. La cocina mexicana en el siglo XX, opina que Velázquez de León con sus libros sobre cocina regional dio unidad al conjunto regional por medio de una propuesta integradora. En Platillos Regionales de la Republica Mexicana de 1946 dijo allí juntas por primera vez estaban las cocinas de todos los estados (…) Su posición fue reiterada en “viajando por las cocinas de la provincias de la Republica Mexicana” donde expresó ideas de lo que llamó la noble y antiquísima tradición de la cocina mexicana.

“Cocina Poblana”, Josefina Velázquez de León, México, 1952. Biblioteca de Cristina Barros y Marco Buenrostro.

“Cocina Poblana”, Josefina Velázquez de León, México, 1952. Biblioteca de Cristina Barros y Marco Buenrostro.

Alberto Peralta de Legarreta, en “Cultura gastronómica de México”, una comunidad en Facebook www.facebook.com/CultGastMex?fref=ts, describe el libro Cocina Poblana. Fórmulas de ejecución sencilla y fácil según los más antiguos conocedores (Vel-A-Gas de Puebla S.A. Puebla, México, 1968), como un Interesante recetario cuya introducción indica que el contenido son platillos del siglo XIX, aunque no ofrece las fuentes. Al parecer este libro rústico fue regalado por la gasera Vel-A-Gas a sus clientes. Las recetas mantuvieron sus medidas arcaicas, por lo que al final se le adosó al impreso un pequeño y no muy exacto glosario con equivalencias. Tras una comparación, es posible afirmar que las recetas provienen del conocido recetario «La cocinera poblana y el libro de las familias» publicado en 1872 y continuamente reeditado incluso durante los primeros años del XX.

“Cocina Poblana. Fórmulas de ejecución sencilla y fácil según los más antiguos conocedores”, Vel-A-Gas de Puebla S.A. Puebla, 1968. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

“Cocina Poblana. Fórmulas de ejecución sencilla y fácil según los más antiguos conocedores”, Vel-A-Gas de Puebla S.A. Puebla, 1968. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Alonso Pérez Fragua, gestor y periodista cultural, en su artículo publicado en http://ladobe.com.mx/2014/06/de-rancio-abolengo-poblano/, escribe del libro Puebla y su cocina del Centro Benéfico de Mayorazgo, (Fábrica de Mayorazgo, Puebla, 1971): Recuerdo desde siempre su portada, con esa foto de una típica cocina poblana en talavera, con los cuellos de tres gallinas colgando de una de las estanterías y un par de ollas de barro esperando a ser usadas. Jitomates, calabazas, chiles poblanos, piñas, plátanos machos y otros colores completaban la foto. Ahora que lo pienso, creo que nunca lo usó (el libro mencionado). Quizá porque nuestra familia no tenía el mismo rancio abolengo poblano que sus autoras: la señora de Bautista, la de O’Farrill, la de Frese, la de Budib, la de Mastretta. Nosotros, Pérez: así nomás. Puebla y su cocina. Simple es su nombre. Editado por el Centro Benéfico de Mayorazgo, primero en 1971 y luego en 1978, año de la versión de mi mamá, chilanga… Si bien las recetas que comparte es obligación preservar a través de su preparación y deleite, otra parte de su contenido versa sobre costumbres y dinámicas que, me parece, ya no tienen cabida en el siglo XXI. En su apartado “Consejos útiles para el correcto arreglo de la mesa formal”, además de directrices sobre dónde y cómo colocar los cubiertos y las servilletas –con todo y diagramas y fotos de Doña Margarita Lichtle de Budib y de Doña Teresa García Carral de Díaz Barriga- Puebla y su cocina nos indica la forma correcta de realizar “La Elección de Invitados”.

“Puebla y su cocina”, Centro Benéfico de Mayorazgo, Fábrica de Mayorazgo, Puebla, 1971. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

“Puebla y su cocina”, Centro Benéfico de Mayorazgo, Fábrica de Mayorazgo, Puebla, 1971. Biblioteca de la Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Espero que esta nota haya contribuido a un mayor conocimiento de las diversas fuentes bibliográficas sobre la gastronomía poblana. Publicaciones que, aunque son de distintas épocas y de escenarios diferentes, finalmente todas nos han permitido reconocer lo valioso de nuestra cultura culinaria.

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COMEDOR CON FLORES, VIVIR EL JARDÍN EN LA VIDA COTIDIANA

 La flor por su naturaleza, es símbolo de la fugacidad 
de las cosas, de la primavera y de la belleza.
 La flor por su forma, es una imagen del “centro” 
y, por consiguiente, una imagen arquetípica del alma. 
Juan-Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, 1994.

El tema del comedor lo he tratado ampliamente en mi libro Casa Poblana. El escenario de la memoria personal, publicado en 2011, aquí un breve texto: El comedor con todo el esplendor como lo conocemos hoy, vajillas, cubertería y cristalería, aparece hasta mediados del siglo XVIII. Históricamente, la tercera estructura mobiliaria ideada por el hombre es la mesa y nace de la necesidad de realizar actividades de precisión. Anteriormente, las mesas para comer eran portátiles y se montaban en la antecámara o en la cocina. Después aparece la mesa fija con base firme y rodeada de sillas. Tampoco existían las vajillas, o los juegos de cubiertos. Es hasta inicios del siglo XIX cuando se extiende el uso de un espacio destinado a comedor, este era una habitación grande generalmente ubicada al lado opuesto de la sala. Las paredes, algunas tapizadas, se decoraban con pinturas o cromos con bodegones o escenas de caza. El alumbrado provenía de lámparas o candiles, piezas que al igual que los relojes de pie o pared, eran imprescindibles. En el mobiliario del comedor destacaban sus componentes: la mesa generalmente con extensiones, sillas, aparador y el bufet, preferentemente de estilos europeos.

En casa solo hemos tenido dos juegos de comedor, el primero comprado cuando nos casamos y que constaba de mesa, seis sillas y un trinchador, de marca Dixie. Después, cuando nuestra familia creció, hicimos un juego con piezas sueltas: una mesa de siglo XlX que compramos con Ricardo Tejeda en el Bazar del Rosario de la Plazuela de los Sapos, -con las cuatro extensiones da una medida de 2.44 x 1.18- y tiene carretillas en las patas por lo que es muy fácil moverla, diez sillas marca Calligaris y un trinchador de 2.00 x .42 comprados en una tienda departamental de Angelopolis. También conservamos la mesa de cocina que fue de mis suegros, ellos la mandaron a hacer en 1928 cuando se casaron, la usamos para desayunar.

El disfrute de las flores está ligado a un particular estilo de vida, en mi casa paterna siempre las había, por consiguiente, en mis recuerdos las flores son imágenes estrechamente ligadas a la intimidad de nuestra vida cotidiana. Mi mama y mi abuela Aurora llevaban a cabo diferentes acciones para que las flores no faltaran en casa: mi abuela las sembraba en su jardín; mi mama las compraba en el mercado.  Ya casada por consiguiente, las flores ha sido una constante en nuestra casa, me gusta mucho colocarlas en las mesas. Antes, ciertas flores eran solo de temporada, ahora, gracias a los invernaderos, es posible tener flores todo el año: alhelís, alcatraces, azucenas, girasoles, rosas, bromelias, claveles.

Alhelís, -las flores favoritas de mi suegra-, en florero de cristal y mantel tejido a gancho por mi suegra, me lo regalo un día de mi cumpleaños. Fotógrafa Lilia Martínez.

Alhelís, -las flores favoritas de mi suegra-, en florero de cristal y mantel tejido a gancho por mi suegra, me lo regalo un día de mi cumpleaños. Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Rosas anaranjadas, en jarrita de vidrio soplado, en color azul tornasolado, adquirida en un bazar y mantel de damasco comprado en Zara Home. Fotógrafa Lilia Martínez.

Rosas anaranjadas, en jarrita de vidrio soplado, en color azul tornasolado, adquirida en un bazar y mantel de damasco comprado en Zara Home. Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Girasoles de Cholula, -obsequio de nuestra hija Vero- en florero de vidrio soplado; mantel en algodón poliéster hecho con una tela comprada en la tienda la “Parisina” y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX- comprados la Plazuela de los Sapos. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez.

Girasoles de Cholula, -obsequio de nuestra hija Vero- en florero de vidrio soplado; mantel en algodón poliéster hecho con una tela comprada en la tienda la “Parisina” y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX- comprados la Plazuela de los Sapos. 2015, Fotógrafa Veronica Rojano.

 

Azucenas, -otras de las flores favoritas de mi mamá-, en florero de cristal de Checoeslovaquia; mantel en raso de algodón hecho de una tela comprada en la tienda “El Puentecito”; loza antigua de la marca “Ánfora”; cristalería también antigua; platitos para el pan en forma de mariposa en vidrio prensado; salero y pimentero de cerámica holandesa: cubertería italiana y paisaje en acuarela de Rolf Seul. Fotógrafa Lilia Martínez.

Azucenas, -otras de las flores favoritas de mi mamá-, en florero de cristal de Checoeslovaquia; mantel en raso de algodón hecho de una tela comprada en la tienda “El Puentecito”; loza antigua de la marca “Ánfora”; cristalería también antigua; platitos para el pan en forma de mariposa en vidrio prensado; salero y pimentero de cerámica holandesa: cubertería italiana y paisaje en acuarela de Rolf Seul. Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Bromelias, –regalo de nuestra amiga Manli-, mantel en algodón poliéster hecho con una tela comprada en la tienda la “Parisina” y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX- comprados la Plazuela de los Sapos. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez.

Bromelias, –regalo de nuestra amiga Manli-, mantel en algodón poliéster hecho con una tela comprada en la tienda la “Parisina” y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX- comprados la Plazuela de los Sapos. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Margaritas y nubes en florero de cristal color negro; mantel de seda; cesta ovalada de alambre; copas y candeleros de cristal modernos y paisaje en acuarela de Rolf Seul. Mesa puesta especialmente para mi querida amiga Quetza Sánchez. Fotógrafa Lilia Martínez.

Margaritas y nubes en florero de cristal color negro; mantel de seda; cesta ovalada de alambre; copas y candeleros de cristal modernos y paisaje en acuarela de Rolf Seul. Mesa puesta especialmente para mi querida amiga Quetza Sánchez. Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Gladiolas –estas eran las flores favoritas de mi papá- en bote nevero de lamina; mantel de damasco comprado en Zara Home; pasteleros antiguos diversos tamaños comprados la Plazuela de los Sapos y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX-. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez.

Gladiolas –estas eran las flores favoritas de mi papá- en bote nevero de lamina; mantel de damasco comprado en Zara Home; pasteleros antiguos diversos tamaños comprados la Plazuela de los Sapos y oleos con el tema de rosas, -de primera mitad de siglo XX-. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez.

 

Portada del Libro Casa Poblana. El escenario de la memoria personal, Lilia Martínez y Torres, 2011

Portada del Libro «Casa Poblana. El escenario de la memoria personal», jarrón de Talavera poblana con mirasoles, imágen de Juan Crisóstomo Méndez Ávalos. Autora Lilia Martínez y Torres, Fototeca Lorenzo Becerril A.C., 2011.

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QUÉ ME ACONSEJA USTED PARA LA COMIDA DE HOY

Con su alto grado de ritualización y su poderosa inversión afectiva,
las actividades culinarias son para muchas mujeres de todas las edades

un lugar de felicidad, placer e inversión.
Luce Giard.

La preparación de los alimentos que se comen en casa viene precedida de la eterna pregunta “qué hacer de comer”, frase repetida todos los días por miles y miles de mujeres -independientemente de su condición social- que no siempre ven una solución fácil a esta pregunta, y menos si son recién casadas. Cómo dar respuesta a esta pregunta si no se sabe hacer nada, o no se quiere acudir a las mujeres de la familia en busca de un consejo… una posible respuesta: acudir a un recetario.

Rosario Castellanos -ensayista, poeta, cuentista y dramaturga (1925-1974)- nos describe en el libro “Álbum de familia” cuatro relatos con las diversas situaciones vitales que sus personajes enfrentan. “Lección de cocina” es un cuento que refiere los síntomas de angustia por los que atraviesa una recién casada cuando intenta  descifrar una receta de cocina. En palabras de ella: “Yo contaba con que el sacrificio, el renunciamiento completo a lo que soy, no se me demandaría más que en la Ocasión Sublime, en la Hora de las Grandes Resoluciones, en el Momento de la Decisión Definitiva. No con lo que me he topado hoy que es algo muy insignificante, muy ridículo. Y sin embargo…” He aquí un fragmento de la narración:

“La cocina resplandece de blancura. Es una lástima tener que mancillarla con el uso. Habría que sentarse a contemplarla, a describirla, a cerrar los ojos, a evocarla… Mi lugar está aquí. Desde el principio de los tiempos ha estado aquí. En el proverbio alemán la mujer es sinónimo de Küche, Kinder, Kirche. Yo anduve extraviada en aulas, en calles, en oficinas, en cafés; desperdiciada en destrezas que ahora he de olvidar para adquirir otras. Por ejemplo, elegir el menú. ¿Cómo podría llevar al cabo labor tan ímproba sin la colaboración de la sociedad, de la historia entera?

En un estante especial, adecuado a mi estatura, se alinean mis espíritus protectores, esas aplaudidas equilibristas que concilian en las páginas de los recetarios las contradicciones más irreductibles: la esbeltez y la gula, el aspecto vistoso y la economía, la celeridad y la suculencia. Con sus combinaciones infinitas: la esbeltez y la economía, la celeridad y el aspecto vistoso, la suculencia y…

¿Qué me aconseja usted para la comida de hoy, experimentada ama de casa, inspiración de las madres ausentes y presentes, voz de la tradición, secreto a voces de los supermercados? Abro un libro al azar y leo: “La cena de don Quijote.” Muy literario pero muy insatisfactorio. Porque don Quijote no tenía fama de gourmet sino de despistado. Aunque un análisis más a fondo del texto nos revela, etc., etc., etc. Uf. Ha corrido más tinta en torno a esa figura que agua debajo de los puentes.

“Pajaritos de centro de cara.” Esotérico. ¿La cara de quién? ¿Tiene un centro la cara de algo o de alguien? Si lo tiene no ha de ser apetecible. “Bigos a la rumana.” Pero ¿a quién supone usted que se está dirigiendo? Si yo supiera lo que es estragón y ananá no estaría consultando este libro porque sabría muchas otras cosas.

Si tuviera usted el mínimo sentido de la realidad debería, usted misma o cualquiera de sus colegas, tomarse el trabajo de escribir un diccionario de términos técnicos, redactar unos prolegómenos, idear una propedéutica para hacer accesible al profano el difícil arte culinario. Pero parten del supuesto de que todas estamos en el ajo y se limitan a enunciar.

Yo, por lo menos, declaro solemnemente que no estoy, que no he estado nunca ni en este ajo que ustedes comparten ni en ningún otro. Jamás he entendido nada de nada. Pueden ustedes observar los síntomas: me planto, hecha una imbécil, dentro de una cocina impecable y neutra, con el delantal que usurpo para hacer un simulacro de eficiencia y del que seré despojada vergonzosa pero justicieramente…”

Por todo lo comentado, se agradece que grandes señoras de la cocina mexicana, como Josefina Velázquez de León y Chepina Peralta, se hayan preocupado por crear recetarios factibles de entender. De Josefina tenemos “La cocina de la recién casada” con sus “Recetas experimentadas y garantizadas por la Academia de Cocina, Repostería y Decorado Velázquez de León”, libro que proporciona información sobre “la preparación de los alimentos, de cómo elegir los ingredientes en el mercado, cuales son los convenientes por su calidad y costo y cómo planear los menús, cómo servirlos, etc.” De Chepina tenemos la “Cocina para la recién casada”, -que en 1999 ya marchaba en su décima edición- un libro cuyo propósito es inspirar confianza a la recién casada convirtiéndola en excelente cocinera a las que no solo “se le admire por su gusto al elaborar sus menús, sino también por su información acerca de los requerimientos nutritivos básicos para alimentar y mantener en forma una familia sana”.  Josefina Velázquez de León y Chepina Peralta, en sus recetarios, dieron sensibles respuestas a las preguntas de las recién casadas para mejorar su labor cotidiana: cocinar para el prójimo.

Mujeres de todas las edades, muchas de ellas se dedicaron al trabajo cotidiano de preparar la comida de todos los días. Concepto de imagen: Lilia Martínez. 2011. Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

Mujeres de todas las edades, muchas de ellas se dedicaron al trabajo cotidiano de preparar la comida de todos los días. Concepto de imagen: Lilia Martínez. 2011. Fototeca Lorenzo Becerril A.C.

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CELEBRANDO CON LA VAJILLA DE BALBINO LUCANO

Escribir el proceso de la cerámica
equivale a narrar la historia de la humanidad.
Antonio García Llansó, Historia general del arte, 1897.

En la primera década del siglo XX, a la cerámica de Balbino Lucano se le consideró como la loza de lujo en el servicio de mesa en el occidente mexicano. Cerámica que por su ligereza, utilidad y belleza ha sido muy apreciada en la vida cotidiana por la variedad de sus formas y la calidad de su factura. Las vajillas y los juegos de café y té presentan una decoración muy rica que comprende a la flora y la fauna en escenas muy complejas.

La vajilla de Balbino Lucano que tengo en mi colección fue mandada a hacer como un regalo de bodas para el Ing. L. D. Barreiro; la adquirí en el tianguis dominical de la Plazuela de los Sapos, en 1994. Es una vajilla con 65 piezas decorada con color azul sobre un fondo color crema, Consta de platos extendidos en dos tamaños, platos hondos, platos en forma de hoja, tazas, tazones para consomé, vasos octagonales, soperas, platones ovalado y circular, salseras, jarra, cafetera, cremera y azucarera.

En esta vajilla Lucano, inspirado ceramista, repitió con frecuencia un mismo patrón: animales -aves de paraíso y venados- rodeado de flores y hojas estilizadas dispuestas libremente en la superficie de la loza, delimitando la superficie con una franja arriba y otra abajo. A veces limitó el dibujo a un solo lado de la pieza inscribiéndola como adorno para un estante; así, la loza cumple dos objetivos -utilidad y belleza-, ya que al mismo tiempo que nos sirve, exige nuestra contemplación y admiración. Con obras como esta, a Lucano se le suma a los grandes maestros del arte popular.

La celebración para el goce es el motivo perfecto para lucir la vajilla de Balbino Lucano, así que en mi próximo evento la usaré. En el comedor, en el arreglo de la mesa, colocaré el mantel blanco de damasco con monograma y sus servilletas a juego en aros de plata. De cubiertos colocaré los Chistoffle y adornaré con flores Estrellitas de Belén, en una jarrita azul de vidrio soplado. En el menú ofreceré comida mexicana: consomé de carnero, arroz rojo, barbacoa de carnero, frijoles aguados, quesos frescos, guacamole y salsas roja y verde. De tomar: cerveza, mezcal y agua de Jamaica. De postre: dulces poblanos, pan de dulce y café. Como digestivo un anís de Papá Lalo (mi papá, que gustaba de preparar su anís casero).

En el servicio de mesa colocaré la jarra con el agua de Jamaica; en una sopera la barbacoa envuelta en papel aluminio para que no se enfríe y en la otra los frijoles aguados; en el platón circular el arroz; en un chiquigüite las tortillas envueltas con una servilleta; y para aquellos que les gusta darle picor a su vida, salsa roja y verde en las salseras.

Serviré de la siguiente manera: en los tazones de dos asas el consomé; en los platos extendidos el arroz y la barbacoa y en los platos hondos los frijoles. Para el final y después de levantar el servicio, pondré el pan de dulce platón ovalado; el servicio de jarra, cremera y azucarera para el café; en los platos en forma de hojas la taza para el café y el pan de dulce y los dulces en un plato extendido ¡Buen provecho!

Llevo años coleccionando vajillas, en ellas he podido intuir -y no por las piezas que contienen, sino por las que faltan-, el tipo de comida que se servía en ellas. Invariablemente, las piezas que más faltan son los platos hondos, eso me da a entender que las comidas servidas en este tipo de platos han sido las preferidas, lo mismo pasa con su complemento: en los juegos de cubiertos, las piezas que persistentemente faltan son las cucharas.

Servilletas de damasco con monograma en aros de plata. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Servilletas de damasco con monograma en aros de plata. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Servicio puesto para comida de tres tiempos, vaso y terno para postre y café. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Servicio puesto para comida de tres tiempos, vaso y terno para postre y café. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Cubiertos Chistoffle y botanero de plata con incrustaciones de concha nacar. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Cubiertos Chistoffle y botanero de plata con incrustaciones de concha nacar. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Cafetera, cremera y azucarera sobre plato extendido. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Cafetera, cremera y azucarera sobre plato extendido. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Vasos sobre platón ovalado. Colección familia Rojano Martínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Vasos sobre platón ovalado. Colección familia Rojano Martínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Terno: plato para postre y taza y con cavidad para la cuchara. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Terno: plato para postre y taza y con cavidad para la cuchara. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

El servicio a la mesa y jarrita de vidrio soplado con Estrellitas de Belén. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

El servicio a la mesa y jarrita de vidrio soplado con Estrellitas de Belén. Colección FamiliaRojano Martínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Cafetera sobre plato extendido. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Cafetera sobre plato extendido. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

La mesa puesta. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

La mesa puesta. Colección Familia RojanoMartínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

 

Jarra con demás servicio. Colección familia Rojano Martínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Jarra con demás servicio. Colección familia Rojano Martínez. 2015, Fotógrafa Lilia Martínez

Sopera, terno, servicio de café, jarra, vasos. Colección Familia RojanoMartínez. Fotógrafa Lilia Martínez.

Sopera, terno, servicio de café, jarra, vasos. Colección Familia RojanoMartínez. Fotógrafa Lilia Martínez.

LIbro Cerámica Mexican Pottery of the 20th Centuty de Amanda Thompson In Cooperation California Heritage Museum, Santa Monica, 2001. Biblioteca Javier Gomez Marin

LIbro Cerámica Mexican Pottery of the 20th Centuty de Amanda Thompson In Cooperation California Heritage Museum, Santa Monica, 2001. Biblioteca Javier Gomez Marin

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